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Segundo

Casi las cuatro...

 

Sol y más sol. Los ápices de vida ofrecidos aún postulan por una combustión mayor... no es suficiente, me dicen. Quizás deba ser así. La combustión es inicio y fin, fin e inicio. ¿Realmente? Venga ya, así es como quiere hacerlo creer.

 

Siesta, ¡deseo una siesta ya! Aún no nos damos cuenta de lo que la vida significa y lo que la vida reclama... que por cierto, jamás será arrepentimiento. Mi suegro tiene miedo a morir, y con razón. Una fibrosis intersticial trata de tumbarlo desde hace un tiempo, y el jaque se ha dado en varias ocasiones, aunque el mate se resiste. Es lo que tiene una buena defensa, adquirida con la pericia de un consumado jugador. Otros no saben si quiera qué hacer llegado el momento. Pum, pum, te dicta el corazón y tus putos pulmones no quieren seguir el ritmo. Jodida anarquía... ni siquiera se respeta en el conjunto de células que nos dan forma. En fin, el dirimir será cuestión de los designios de Cronos. ¿Conllevará algún cambio? Pues seguro que sí, ya que la vida es cambio. Del tipo ya no estoy tan seguro, pero la impronta tendrá una consecuencia. "Necesito combustible...".

 

Dar la vuelta al mundo. ¿Para qué? ¿Acaso vamos a encontrar soluciones diferentes a los problemas que nos tratan de engullir? Una vez, en la costa sur de Sri Lanka, ya ocultándose Lorenzo, un pescador de anzuelo extra, tiburón en mente y anclaje de orilla me susurra...

- "Sorry sir, beware of the line".

- "¿Qué hostias dice este tío? ¿Qué cojones pescas a estas horas?"... "Hey, thanks for the advert. What are you fishing?"

- "Sharks, sir". 

- "Don´t call me that!. I've not any title".

 

Y así empezó una curiosa amistad fatua en una playa remota entre Galle y Unawatuna. 

 

Y me tuvo que salir religioso el tipo. ¿Cristiano y católico? ¡Venga ya, tiene que ser una broma! No me jodas que en una isla al sureste de India, donde la inmensa mayoría de la sociedad es budista, conozco a un auténtico cristiano. Sí, tan auténtico que me invita a acompañarlo a su casa en su moto para conocer a su familia. Acaba de salir del trabajo (uno de tantos hoteles de Unawatuna; occidente, te propones contagiarlos a todos, ¿verdad?). Le comento que a la vuelta, antes de irme, lo visitaré a él y conoceré gustosamente a toda su familia. Nos tomamos una "beer" y un "water with gas" (puaaaaj) en un restaurante cercano. Curioso, pero le recito un par de cutre-poemas de mi propia cosecha, idioma que evidentemente no conoce en absoluto. Pero le gusta. ¿Por qué razón? Pues ni idea, pero nos lo pasamos bien.

 

- "I have to continue my trip around your island, for sure, we're going to meet before coming back to Europe".

 

Y así fue cómo nos despedimos. Con una "promesa" de reencuentro. Manda cojones, humanicé más con este sujeto desconocido que con mucha gente que conocí durante años. Pero es así la vida, no sabes qué te va a ofrecer.